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Mostrando las entradas etiquetadas como Reflexiones

Qué idiotas fuimos

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En aquella madrugada, extrañamente, recordé la química que durante tanto tiempo nos tuvimos. Ambos lo sabíamos, pero ninguno lo confirmó . Qué idiotas fuimos. 

Muchas veces no bastaron

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Muchas veces, lo recuerdo bien, te escribí para que me leyeras, cuando lo que quería realmente era escucharte al teléfono . Escuchar esa voz tuya que, aún hoy no entiendo cómo, me daba calma.

Lo bonito que quedó

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No sé si con estas mismas palabras, porque el tiempo pasa y la forma en que nos expresamos cambia, pero estoy seguro que en unos años, muchos o no tantos, poco importa realmente cuántos, cuando alguien me pregunté por cualquier motivo por ti, le diré, sin dudarlo un instante, que fuiste de lo más bonito que pasó por mi vida.

Sonrisas a la distancia

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De repente, ver en tus fotografías que eres feliz comenzó a iluminar mis días grises y lluviosos. Desde entonces, comprendí fácilmente el verdadero significado de no ser egoísta. Después de todo, ¿quién soy yo para no alegrarme por las cosas buenas que te ocurren, aunque ahora probablemente las compartas con alguien más? Me preguntaba.

Introspección bajo la lluvia

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En medio del afán del día, aunque era el último laboral de aquella semana, la fuerte lluvia que de un momento a otro, entrando la noche, comenzó a caer sobre la ciudad, obligó a todos los que corríamos desenfrenadamente entre calles a una pausa.

La noche de las dudas

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Mientras abrazo la almohada, acostado y recién cumplida la medianoche, pienso en qué nos faltó para darnos la oportunidad de estar juntos, o si, simplemente, la vida -en su eterna sabiduría- nos tenía destinados a acercarnos, pero jamás por completo... Así como si el uno no estuviera destinado a ser más que un instante para el otro, un instante que se vivió intensamente. 

¿Qué hubiera sido de nosotros?

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Qué hubiera sido de nosotros si tan solo uno, tú o yo, no importa mucho quién, en lugar de callar, se hubiera decidido a llenarse de valor para afrontar con sinceridad lo que su corazón le dictaba. Es una respuesta que, nuevamente tú y yo, nos quedamos debiendo. O qué la vida, al menos hasta ahora, nos quedó debiendo.

Angustia en el pabellón 3

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Aquella noche, lo recuerdo muy bien, las gotas frías caían en el asfalto. Mientras tanto, dentro de aquella habitación, observando a través de la ventana lo poco que me permitía la neblina ver, me preguntaba qué había pasado horas atrás. No recordaba nada. Es más, no sabía qué hacía allí.

Suspiros

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Cuando suspiramos, de alguna manera, dejamos morir una parte de nosotros. Es como si nos liberaramos de una presión interna de la cual el cuerpo, en su infinita sabiduria, quiso deshacernos.

Una mirada

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Si una mirada dijera más que mil palabras, como muchos dicen, ya te habrías dado cuenta que me tienes loco. Y no loco en el sentido de querer tenerte a mi lado, sino loco de admirarte así: libre de todo, de prejuicios, de estigmas, de estereotipos, libre de cualquier tipo de preocupación.

El último abrazo

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Si hubiera sabido que aquel sería nuestro último abrazo, te hubiera atado a mi cuerpo más fuerte, no sólo para tratar de que te quedaras conmigo -aunque el esfuerzo fuera en vano- sino para impregnarme más de tu olor.