Su refugio
Luego del respectivo cepillado de dientes y la despedida, con bendición a bordo, de papá y mamá, tomó el autobús que lo llevaría al colegio, donde esperaba sentirse diferente, distraído, con más ánimo y energía en aquel frío día, consecuencia del temprano horario de sus clases.
Al llegar a la escuela, su cuerpo estaba en el aula pero hasta él mismo sabía que su mente, sus pensamientos, se encontraban muy lejos de allí; no sabía en qué lugar, pero tenía claro que en el aula de clases no estaban.
La lección de la maestra transcurrió de forma normal. Mientras tanto, él fingía poner atención e intentaba recibir las órdenes de la profesora, pero lo único que esperaba era que sonara la campana para buscar, en el recreo y con sus amigos, un escape a como se estaba sintiendo.
Un breve descanso con los ojos cerrados y el momento llegó: la campana sonó y todos, menos él, corrieron al patio a disfrutar de 30 minutos de juego y diversión, a la vez que disfrutaban, cada uno de manera diferente y especial, su media-mañana. Aunque luego quiso hacer lo mismo, destapando lo que en su lonchera llevaba, la comida tampoco fue el refugio que desde más temprano estaba buscando.
Unos minutos después, en los cuales siguió sintiéndose sin ánimo y vacío, la campana volvió a sonar y él y los demás regresaron a los salones. Aún quedaba mitad de la jornada escolar y eso seguía manteniéndolo con esperanzas de encontrar lo que estaba haciéndole falta. Sabía que le faltaba algo, pero no identificaba qué.
Nuevamente las clases se desarrollaron de manera normal y él solo quería mirar a ningún lugar por la ventana, como buscando esa razón, ese consuelo, ese estímulo que evidentemente le faltaba para sentirse completo, con todas sus piezas, animado y alegre; aunque fuera solo un poco.
Llegó el final del día académico y ahora debía tomar el autobús escolar, esta vez, de regreso a casa. Todavía esperanzado en encontrar lo que le faltaba, pensó que sería esa emoción de saber terminado un día más de estudio. En el autobús, sin embargo, tampoco consiguió sentirse diferente.
Uno a uno sus compañeros de ruta fueron llegando a casa y el bus cada vez estaba más silencioso. Hasta que quedaba solo él en un sillón, donde seguía sintiéndose vacío como el autobús en aquel momento, mismo instante en el que supo que tan solo debía soportar unos minutos más para llegar a casa y poder tirarse en su cama, buscando olvidarse de todo con unos minutos de sueño, pensando que era solo eso lo que realmente necesitaba.
Al llegar el autobús a su casa y ver la puerta de su hogar, no sintió la felicidad que esperaba y solo vivió un poco de consuelo por estar devuelta donde, creía, se sentía más seguro y a gusto.
Ya abriendo la puerta, dándole la espalda al andén, sintió un impulso que lo hizo girar su cabeza y mirar hacia atrás. Fue algo así como una corazonada, porque al voltear, sus ojos se cruzaron con la chica que días atrás había llegado al barrio, con la cual llevaba algunos días conversando y, luego de que ella le sonriera, todos los vacíos que había tenido durante el día se llenaron, los colores de su día se hicieron visibles y fue allí cuando entendió que el refugio que buscaba era aquella sonrisa, donde se encontró también con sus pensamientos.

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