Honro nuestra historia


Honro nuestra historia, pero ya no me aferro a ella. La honro por todo lo que fue, tal y como fue, pero ya no me aferro a ella porque tú fuiste quien la soltó primero.

Nuestra historia la honro porque crecí exponencialmente con ella, y no hablo solo del crecimiento en el querer. Pero ya no me aferro a ella porque siempre es necesario abrir espacio a algo nuevo.

Honro nuestra historia, porque aunque culminó como quizás nunca quise, ya tuvo un final. La honro, pero vivo sin deseos de repetirla tal cual. Me arriesgaría, quizás, por un final distinto.

Nuestra historia la honro porque fue lo más lindo que me pasó mientras duró, pero no me aferro a ella porque soltar también es demostrar -y sobretodo demostrarme- que aprendí lo que la vida tenía para enseñarme poniéndote en mi camino.

Honro nuestra historia, porque con ella aprendí, en carne viva, a respetar límites, pero también a hacer respetar los míos. Después de todo, ningún límite es más importante que otro, ni los nuestros, ni los demás.  

Nuestra historia la honro, finalmente, porque la historia es eso: historia que pasó y que queda, pero que toca soltar, aprendiendo de ella, para reescribir un nuevo capitulo de la misma, contigo o sin ti. 

Comentarios

Entradas populares de este blog

Condenado a escribirte

A quien inspira