Una historia de pelos


No eran ni las ocho de la noche y su ánimo, después de un día hasta entonces normal, comenzaba a decaer como consecuencia de un descuido que le obligó a quedarse, al menos hasta el día siguiente, sin teléfono celular. El descuido, en principio uno más de los que acostumbra a tener, lo llevaría sin prisa a la peluquería, luego de una hora en la que intentó, sin mucho éxito, despejar su mente y dejar atrás su frustración haciendo ejercicio.

Tras el ejercicio, sin ganas de llegar a casa por no poder continuar con normalidad con su quehacer diario, decidió dirigirse a cumplir una cita que llevaba días aplazando: ir a la peluquería. Al caminar hasta allí, todo continuaba normal. El cansancio normal de las actividades de un día que estaba cada vez más cerca de acabar estaba presente, al igual que el clima habitual de cada día sobre esa hora.

Tras conseguir un turno, aún sin ánimo, tomó asiento, lo cobijaron con la capa y su cabello empezó a caer como consecuencia de los tijeretazos que llevaba días pensando recibir. El aburrimiento en él se hacía quizá evidente y el silencio igual de notorio en aquel pequeño salón.

Con la mitad de la motilada como un hecho, el silencio acabó, aunque no por cuenta de él. Tras la silla donde se encontraba, dos señoras comenzaron a hablarle a la peluquera, contándole una historia de un señor que fue golpeado, contra un poste, por dos mujeres de gran porte. Lamentablemente, por sus bajos ánimos, no recuerda o no escuchó la razón de la golpiza....

Pasaron otros minutos y su cabello quedó corto y parejo, pero ahora seguía un lavado que lo refrescó y, mientras lo recibió, no hizo más que pensar en qué haría al llegar a casa. Quizás, al llegar, no encontró más por hacer que escribir una historia sobre lo que había vivido en su día antes de llegar a aquel salón, donde acabó escuchando, aunque incompleta, 'una historia de pelos'.

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