Cartas huérfanas
Las cartas que no tienen destino alguno, aunque verdaderamente sí lo tengan, hoy, de alguna manera, me hacen compañía.
Y es que estas cartas, que duelen pero también sanan, alegran pero también sumergen en melancolía, y lastiman pero también son catarsis, más que hacerme preguntas, me brindan respuestas. O por lo menos intentan hacerlo.
Intentan encontrar respuestas a las preguntas que me dejó todo lo que me pasó contigo: lo bueno y lo no tanto. Todo eso que aún hoy pesa lo suficiente para hacer caer letras en mi bloc de notas, donde tacho y reescribo para, aún con mi temor de serte completamente sincero, aunque sea entre líneas, expresar lo que me grito a mí mismo por dentro.
Sucede que suelo pensar, en mis momentos de inspiración, que escribo para ti. Pero si me detengo a analizarlo, quizás en el fondo, finalmente me estoy escribiendo a mí mismo. Quizás me estoy escribiendo, desde adentro, todo lo que no me deja soltar tu recuerdo. Todo lo que escribo, al parecer, son unas cartas huérfanas, que no terminan de pertenecerte a ti, pero tampoco son del todo mías.

Comentarios
Publicar un comentario