Leerme es encontrarte
Leerme es encontrarte, porque en mis letras siempre estás tú.
Estás, o en forma de una metáfora que te dedico entre líneas, o como una línea en la que te describo sin mencionarte.
Leerme es encontrarte, porque casi cada letra que escribo es por o para ti.
Es por o para ti, porque te transformé, sin proponérmelo, en mi mayor musa inspiradora.
Leerme es encontrarte, porque así te digo todo lo que alguna vez me guardé.
Te digo lo que alguna vez me guardé escribiéndote, la mayoría de las veces, en una clave que espero tú logres descifrar.
Leerme es encontrarte, porque aprendí a recordarte entre letras.
Recordarte entre letras me sana y preserva en mí todo lo que quiero guardar de quienes fuimos.
Leerme es encontrarte, porque tú cambiaste mi forma de escribir.
Cambiaste mi forma de escribir al convertirte en una fuente inagotable de inspiración.
Leerme es encontrarte, porque mis letras guardan nuestras memorias.
Guardan nuestras memorias al menos desde la óptica de quien siempre te quiso tener a su lado.
Leerme es encontrarte, porque todos los caminos de mis letras conducen a tu nombre.
Conducen a tu nombre porque es el camino por el que siempre quiero volver a transitar.

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