Deseo de cercanía
Tu sonrisa, que roza la perfección por brillo y composición, alumbra cada rincón del lugar donde estás y, de paso, me incita a sonreírte coquetamente, incluso en muchas ocasiones a través de mi pantalla, aunque por mi falta de valor intente ocultar que sonrío por ti y por un deseo de cercanía.
Tu mirada, tan poderosa como tu personalidad, emana incluso en fotos una profundidad en la cual, te confieso, estaría dispuesto a perderme, porque finalmente eso implicaría perderme en un pedazo de ti. Nada me haría más dichoso, pues quién no quisiera perderse en algo que admira y desea cerca.
Admirarte, a la distancia, se me ha vuelto recurrente. No recurrente porque sí, recurrente porque, al aparecerte en mi día de cualquier manera, quiero detallarte para comprender toda la esencia que hay en ti. Una esencia que se me antoja traviesa pero compasiva, genuina pero de carácter, pero sobre todo, bondadosa y altruista. Una esencia que, por momentos, quisiera tener más cerca de mi.
Si algún día sabrás que estas palabras son por ti, no lo sé, pero si entre líneas llegas a identificarte, no tendría más remedio que admitírtelo. De hecho, quizás en mi interior, eso estoy buscando al escribirte esta carta.

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