Tu ausencia presente


Mientras trato de dejar mi mente en blanco como terapia y desconexión en medio de la noche, al lado del sonido de un ventilador que evita que el calor me agobie durante el sueño, varias cosas en mi mente se van alejando y desapareciendo en el silencio, pero una se resigna a hacerlo y su fuerte eco compite con mi deseo de tranquilidad.

Sí, es justo eso, se trata de tu nombre. Pero no solo tu nombre, detrás de él, tus recuerdos, o mejor, mis recuerdos con él. ¿Qué les da el poder a ellos para ser tan intrusivos e invadirme con fuerza justo cuando busco un rato de calma? Me pregunto, sabiendo de antemano que la respuesta soy yo mismo.

¿Y cuándo fue que les di tanta ventaja en esta carrera en mi mente? Me vuelvo a preguntar a mi mismo, con la diferencia que, ahora, ni yo mismo me tengo una respuesta.

Es extraño, pero de repente me doy cuenta que lo que pasa es que hace muchos días no te veo, ni sé el más mínimo detalle de ti… Y hablando -o escribiendo- con franqueza pareciera ser que, al menos cada cierto tiempo, mi mente necesitara tener una razón de ti, de tu vida, independientemente del medio por el cual me entere bien sea cómo estás o si simplemente hoy sonreíste.

Más tarde caigo en cuenta que esta sensación ya la conozco: la experimento, habitualmente, cuando siento que, cualesquiera sea el motivo, estoy próximo a verte y, si me atrevo, sonreírte de frente y abrazarte. Entonces, me resigno, pues tiempo después sin haber hallado aún una solución, no queda más que esperar deseando, eso sí, que tu nombre y los recuerdos que a él me aferran me dejen descansar.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Honro nuestra historia

A quien inspira

Mi mejor versión