Deseo indescifrable


Ella tiene algo que me parece sensual, algo que me provoca. El dilema, sin embargo, es que aún no logro descifrar exactamente qué es, pero sí sé que ese algo está ahí, constante, robándome miradas disimuladas, suspiros y hasta uno que otro deseo lujurioso.

Es como si, al mirarla detenidamente, quedara yo bajo efecto de un hechizo temporal que solo se termina cuando siento que ella volteará su mirada hacia mi. Mejor dicho, al tenerla cerca, mi impulso casi que natural es admirarla, pero en silencio. Me embruja su presencia, pero ella no lo sabe con certeza, aunque creo que a veces si, por lo menos, alcanza a percibirlo.

Lo que me hechiza no es su cuerpo, aunque roba miradas; tampoco es su cabello, aunque muchas mujeres seguro se lo envidian. Lo que me hechiza… no, no sé qué es, solo -insisto- sé que me envuelve en un deseo tensionante de tenerla aún más cerca.

Me detengo nuevamente a pensar, siempre observándola vigilante de que no me descubra, qué es lo que tiene para ejercer ese poder sobre mi sin siquiera esforzarse. Reitero que no es algo físico, eso sí lo tengo claro… es algo que va mucho más allá, pero no descubro qué, y en ocasiones, eso me hace dudar de qué tan cuerdo estoy.

Cualquier tarde, al volverla a ver después de mucho tiempo, continué vigilante buscando ese qué que me envolvía en cualquier instante y de manera casi que de inmediata. Pero esa ocasión, fue diferente: ella me sorprendió y se giró... Sin que yo lograra quitar mi mirada de ella, me descubrió observándola y, contra mis propios pronósticos, terminé cayendo en sus brazos y abrazándola. Desde entonces, no me preocupa descubrir qué es lo que me atrae de ella, solo quiero disfrutarlo.

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