Si escribir fuera un súper-poder
Si escribir fuera un súper-poder, lo usaría para decirte lo mucho que, en medio de la mayoría de mis noches, extraño pronunciar tu nombre. El motivo, lo desconozco, solo sé que lo extraño y mi manera de liberar ese sentimiento es escribiéndolo.
Si escribir fuera un súper-poder, mis letras tendrían capa y volarían hasta tu escritorio, correo o celular para comunicarte que, aun después de tanto tiempo, me hace bien -en silencio- el para muchos simple hecho de verte sonreír.
Si escribir fuera un súper-poder, lo usaría para describir un mundo en el que pudiera tenerte nuevamente a mi lado, sin importar para nada dónde estés hoy, sin importar, sobre todo, qué tan lejos de mi te encuentres.
Es quizás por eso que, de alguna manera, escribir sí sea un súper-poder, al menos para mí y unas cuantas personas más que encuentran en las letras un desahogo… un desahogo de sentimientos que deseamos dejar fluir para no cargar con ellos, no porque sean necesariamente malos, sino porque hacen nuestro caminar más pesado. Y pocas cosas en la vida son tan satisfactorias como andar livianos.
Pero aquí vuelvo a la duda, porque si escribir fuera verdaderamente un súper-poder, me daría la valentía de escribirte directamente a ti y no hacerlo al aire, esperando que, de alguna manera, logres leer e identificar que te estoy hablando es a ti y solo a ti.

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