Como de costumbre... tu nombre
Como de costumbre, no entendía qué había sucedido. Por qué de repente, después de mucho tiempo, estaba nuevamente desvelándome contigo rondándome la cabeza, me preguntaba, pero no hallaba respuesta. No la hallé de hecho.
Noches atrás ya había tenido algunos episodios, aunque breves, de insomnio, pero ninguno, hasta esa noche, tenía tu nombre. Y eso solo hacía que el desvelo de aquella noche, fuera aún mayor. Siendo sincero, no veía más remedio que esperar que las horas pasaran y la mañana llegara.
El reloj marcaba ya más de las 3 de la mañana y la lluvia seguía cayendo. Probaba toda posición para tratar de conciliar el sueño, pero ninguna era efectiva. Tampoco lo era tratar de pensar en algo distinto a ti, porque todos los caminos que comenzaba a labrar en mi cabeza en busca del dormir, me llevaban a tu nombre.
De repente, como de costumbre, los ojos se me comenzaban a poner algo pesados y veía cercana la hora de que, finalmente, mis pensamientos con tu nombre me dejaran descansar.
Y aunque finalmente así fue, al despertar me di cuenta que esa noche con tu nombre, la primera en mucho tiempo, fue solo el inicio, porque tu nombre rondó mi cabeza también todo el día hasta que, al igual que como llegó, terminó desvaneciéndose: sin esperarlo.

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