Me estremeció
Después de mucho tiempo volví a escuchar su voz. No importó para nada que fuera por teléfono, el oírla, igual me estremeció. Y vaya que sí me estremeció, y de qué manera lo hizo, en todo el sentido de la palabra, me estremeció. Si ella lo notó, no lo sé, pero me estremeció contundentemente, no hay duda de eso.
Por mucho tiempo pensé, erradamente, que tras tanto tiempo estaría preparado para volver a escuchar su voz. Que inocente o inconsciente -no lo sé bien- fui. La estremecida que me dió su voz luego de ese primer instante en que la volví a escuchar a no se cuántos kilómetros de distancia es, sencillamente, indescriptible. Han pasado no sé ya cuántas horas y cuántos días desde que su voz me estremeció, y aún no logro explicar en palabras aquella estremecida.
Me estremeció también, aunque en menor medida, mi fugaz valentía para decirle algunas cosas, quizás sencillas de pronunciar para muchos, pero no para mí. Eso también, en su momento, me estremeció. Eso sí, mucho menos fuerte que como lo hizo su voz.
Tras unos minutos que se me hicieron más largos de lo que realmente fueron, me despedí, colgué y dejé de escuchar su voz. Sin embargo, contrario a lo que había pensado y lo que hubiera deseado, la estremecida que me dio su voz, apenas iba a mitad de camino.
Así es, me estremeció tanto volverla a oír -aunque debo confesar que igualmente lo disfruté- que, ya nuevamente alejados por completo, sin el teléfono como mediador en una distancia que fue por un momento segundo plano, se los juro y no estoy exagerando, mis manos temblaban un poco. Que digo un poco, temblaban mucho más de lo que yo hubiera podido imaginar. Y esa fue otra muestra del que tanto me estremeció volverla a escuchar.
Instantes después de volver a quedar, por decirlo de algún modo, incomunicados, traté de volver a mi realidad. Que iluso que fui, pues nada más alejado de la realidad inmediata, porque me estremeció tanto oírla que, para mí desdicha, no sería tan fácil retomar mi día.
Estremecido aún por aquel pequeño placer de haberla vuelto a escuchar, poco a poco, comencé, ahora sí, a reaccionar. Y que alivio fue eso para mí, porque ahora sí estaba siendo más fuerte que la estremecida, ahora sí estaba volviendo a mis cabales y estaba alejándome definitivamente de aquella robusta estremecida que me dió solo con su voz.
Pero alto, porque ahora que me detengo a pensarlo mejor, una vez más, nada más alejado de la realidad, nada más alejado de esa realidad que me vio tan estremecido y que ahora me trajo a escribir estás palabras.
Comentarios
Publicar un comentario