Vida efímera
Por más años que vivamos, la vida, con cada uno de sus momentos, nunca dejará de ser efímera. Igual de efímera que aquella mirada con la que dijimos todo sin pronunciar una sola palabra, por ejemplo. O tan efímera como ese caluroso abrazo que, en cuestión que segundos cambió, casi que mágicamente, nuestro estado de ánimo.
No importa la edad con la que nos marchemos, nosotros mismo y los demás siempre pensaremos que nos quedó faltando tiempo para hacer otras cosas: otro viaje, practicar otro deporte, leer otro libro, dar otro beso, regalar otra sonrisa, hacer otra caminata bajo la lluvia o compartir otro café con esa persona.
Segundo a segundo, minuto a minuto, hora a hora, día a día, la vida se encargar de demostrarnos que no es nada gratuito el común dicho de "en un abrir y cerrar de ojos" para hacer alusión a lo rápido que vivimos cada momento. Todo pasa en instantes, pero estamos tan acostumbrados a que así sea, que no lo notamos. Y eso debería preocuparnos, o por lo menos cuestionarnos.
Nos preocupamos demasiado por el mañana y no entendemos que nunca habrá certeza sobre si ese mañana finalmente sí llegará. No aplacemos más los momentos, por pequeños que puedan parecernos; tomémonos hoy esa foto, hagamos hoy ese acto solidario, démonos ese gusto, lloremos, gritemos y festejemos, pero todo hoy, pues aunque suene cliché, con lo efímera que es la vida, quizás mañana no podamos ya hacerlo.
Liberémonos de nuestros prejuicios y de nuestros egos, y comprendamos y recordemos rodos los días que la vida es un inmenso regalo que, ante su efímera naturaleza, hay que saber aprovechar siempre al máximo. Por eso, mi invitación es a que vivamos intensamente, no nos guardemos nada, no aplacemos ningún momento.

Comentarios
Publicar un comentario