Letras y palabras
En medio de un caos, las letras y las palabras siempre estarán para nosotros. A ellas, como fieles amigas que son, no les importa la hora, no les importa el momento, no les importa el lugar. Solo les importa e importará estar presentes para brindarnos un espacio de liberación, eso sí, siempre que acudamos a ellas de forma honesta y, ojalá, sin más pretensiones que liberarnos.
Las letras y las palabras, son muchas veces nuestra salvación. O quién no se ha sentido ahogado y sin fuerzas, y ha encontrado consuelo en una frase inspiradora o reflexiva que sale de su ser en un momento en el que los ánimos no están muy elevados y únicamente te encuentras tú frente al teclado o con un lápiz en mano ante una hoja en blanco. O quién no ha encontrado refugio en una frase o una palabra que otra persona -conocida o no- escribió en algún momento sin saber que en ese preciso instante te ayudaría.
El poder de la palabra es muy grande. Sin miedo a exagerar, afirmo que las letras, y con ellas las palabras, tienen el poder de transformar realidades, sentimientos, pensamientos y, quizás más fuerte que todo lo anterior, tienen el poder de transformar actitudes. Y hago hincapié en esta última solo por un motivo... Mejor dicho, trataré de hacerme entender solo con una pregunta: han pensado, apropósito de la palabra 'actitud', ¿qué cosa no comienza a cambiar cuando cambias tu actitud? La respuesta, creo, fácilmente podría ser, de forma unánime, "ninguna". Pero el cambio de actitud comienza, a su vez, con una palabra o un par de ellas: "ahora", "ya mismo", "por mí"... son algunos ejemplos en los que, como dije, un cambio de actitud nace con una palabra.
Sin embargo, la palabra, su poder y todo lo que hasta aquí les he expuesto, se vuelve algo complejo cuando vamos tan solo un poco más allá, por ejemplo, si tenemos en cuenta el hecho de que una palabra pronunciada no volverá jamás a su origen. Entonces, la situación se complica más aún cuando entendemos que una vez dicha, una palabra puede salvar a alguien, o por el contrario, enterrarlo. ¿Cruel? Puede que sí, pero es la realidad y no deberíamos olvidarla. Por eso muchas veces también es mejor un silencio un poco incómodo a un pleito o un malentendido asegurado.
El poder de las letras y de las palabra -y en ello quiero insistir una vez más- es muy grande. Pero esa grandeza es directamente proporcional a la responsabilidad que deberíamos tener cuando acudimos a ellas. Por eso, si alguna vez usted quiere desnudar su alma de manera sincera, transparente, pura o cualquier otra palabra -a propósito de este texto- que usted quiera colocar aquí, regálese un tiempo para dialogar, no necesariamente con otro, puede hacerlo con usted mismo -y no piense que está enloqueciendo, ni mucho menos-, o haga como yo en este preciso momento y regálese un instante para escribir sus pensamientos y sentimientos. No se cohíba, escribir desnuda el alma... y esa es una bonita sensación.

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