Por una vida sin piloto automático
Por mucho tiempo nos negamos a aceptar o simplemente no quisimos ver que, en medio de nuestra zona de confort en diferentes aspectos de nuestra vida (familia, colegio, trabajo y demás), nos acostumbramos a vivir en piloto automático, pues día a día repetimos nuestra rutina, paso a paso. De la casa vamos al trabajo o al colegio, y de ahí, unas horas más tarde, de nuevo de regreso a casa, como quien cumple con una lista de chequeo diaria y no más.
Ese vacío vivir, creíamos, lo cambiábamos un poco con una salida con nuestros amigos más íntimos a tomarnos un café o un par de cervezas, asistiendo a una fiesta motivada más por otras cosas que por el mismo encuentro, o algo por el estilo. Pero allí también nos mentimos, pues seguimos viviendo en piloto automático, porque cada fin de semana hacíamos lo mismo.
En medio de esa mala rutina de la costumbre, solíamos obviar las cosas pequeñas que, contrario a lo que pensamos, son las que dan valor a nuestro existir y a nuestro ser de humanos. Un abrazo caluroso, un saludo de beso o un simple apretón de manos, e incluso solo el hecho de poder mirar al otro directamente a los ojos, son las cosas que, olvidadas por nuestro error de andar y vivir en piloto automático, dan verdaderamente un sentido más fraterno y social a nuestras rutinarias vidas.
Solo cuando la vida misma nos obligó a detenernos verdaderamente y hacer una pausa un poco más consciente, comenzamos a valorar, aunque un poco, las pequeñas cosas de la vida, como lo son también, entre muchas otras, reir de cosas simples con nuestra familia, escuchar la voz de nuestros abuelos, abrazar a nuestros primos y hasta poder ver de verdad -de frente y en persona- a ese compañero de clases con el que no hablábamos por más cerca que lo tuviéramos, o a ese profesor que en reiteradas ocasiones tachamos o señalamos de aburrido o exigente.
En medio de todo esto, hoy la vida nos ha retado o confrontado con nosotros mismos, nos ha sacado de nuestra zona de confort, nos ha puesto a reflexionar de manera más sensata y ha hecho que nos cuestionemos sobre nuestra manera de vivir. Por eso, ojalá, cuando todo este reto de la vida termine, podamos demostrarnos a nosotros mismos que cambiamos, que crecimos sobretodo personalmente y que ya no seguiremos viviendo en piloto automático.

Comentarios
Publicar un comentario