El tercero de los holgazanes
La fiesta había conseguido que ocurriera lo que hace mucho tiempo no se veía. Esa noche, en casa de Marta, los siete primos se reencontraron. Todos ellos, de diferentes edades, se la llevaban muy bien pero casi nunca se veían. La razón para el distanciamiento solía variar. Trabajo, estudio, proyectos, deportes, viajes por hobby... Esos y muchos otros motivos, dificultaban enormemente que los primos pudieran mirarse frecuentemente a los ojos.
Sin embargo, la tía Marta los conocía muy bien y, cada que así se lo proponía, los juntaba sin mucho inconveniente. Era como si a ella no le pudieran negar una invitación, por más simple que esta pudiera llegar a ser.
Antes de que se concretara aquel encuentro familiar en su casa, Marta contactó, uno a uno y por teléfono, a sus siete sobrinos: Iván, Esteban, Andrés, Luis, Sofía y Guillermo. Este último, con un poco más de dificultad, le pasó a la tía al teléfono y, sin poder hacer mucho por lo contrario, aceptó la invitación que Marta le tenía preparada.
Pero volvamos al día establecido para la reunión. La lluvia que comenzó a caer desde recién pasado el mediodía y se extendió hasta la madrugada, no fue ningún impedimento para que los siete sobrinos de Marta llegaran, cada uno en su estilo, a su casa. Y como habían cosas que no cambiaban por más tiempo que pasara, Sofía fue la primera en arribar, mientras Guillermo, un par de horas luego de la hora a la que habían sido citados, fue el último.
-Siempre cerrando las llegadas vos, Guillermo-, le dijo Marta, con un tono de entre chiste y verdad. Él, que gustaba de hacerse esperar, no respondió. Nada, o casi nada, parecía importarle. Esa era su forma de ser, su principal característica. Y según decían quienes lo conocían, así sería hasta el último de sus días.
La fiesta transcurría normal y las bromas estaban presentes cada tanto al son de unas copas de vino que tomaban todos los allí presentes. Copas de una de esas botellas que, por extraña costumbre debido a que ella no tomaba, solía tener Marta, o 'Martica', como era conocida en su barrio.
Cuando comenzaba a llegar la madrugada y la reunión estaba cada vez más cerca de concluir, los chistes comenzaron también a ser más frecuentes e incluso, por momentos, los ánimos se elevaban un poco, quizás más de lo debido
Con esa tónica, llegó un momento en que Marta le pidió, como nunca lo había hecho, un favor a Guillermo, quien se encontraba recostado plácidamente en un mueble de la amplia sala de su tía. Este, como era de esperarse, se negó a ayudar a su tía, que inmediatamente ante la negativa, se molestó y en tono de enjundia le dijo -no sé qué esperaba, siempre haz sido el tercero de los holgazanes detrás de tu padre y tu abuelo. La historia nunca cambiará con ustedes, y vendrán holgazanes uno tras otro, generación tras generación-. La frase acabó, no de muy buena, manera con la reunión.

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