Sueños de cajón
Esta es la historia de un pequeño que, un día cualquiera, animado por una conversación que tuvo en medio de la cena con su joven madre, decidió meter en un pequeño cajón de madera algún elemento que representará cada uno de los sueños que, quizás como cualquier niño de su edad, tenía y esperaba algún día llegar a cumplir y hacer realidad.
La única condición que él y su madre habían acordado, no tenía que ver con el número de sueños o el tipo de elementos con los que el pequeño representaría cada uno de esos anhelos que tenía por aquel entonces. El único requisito, fijado por ambos, fue que una vez el pequeño fuera cumpliendo cada uno de esos sueños y, sobretodo, una vez entendiera porqué llegó a desearlo, iría retirando del cajón el elemento que lo representara.
Con la condición clara y silenciosa compañía y mirada de su madre, el pequeño, sin pensarlo mucho, comenzó a caminar por su habitación para tomar y meter en aquel cajón distintos tipos de elementos con los que representaba sus sueños.
Un hombre mayor y de corbata representaba su deseo de ser adulto. Otro hombre de juguete, más elegante aún y con un pequeño libro en su mano, simbolizaba el anhelo que el pequeño tenía de convertirse en un prestigioso abogado. Y así sucesivamente... Al cabo de unos minutos, el cajón tenía en su interior un lujoso carro, una linda casa, mucha ropa elegante, un niño y una niña de juguete,agarrados de la mano de una linda mujer y un avión, que no era más que la forma en la que el pequeño simbolizaba sus deseos de viajar y conocer distintos países.
Con el pasar de los años, y los elementos que habían en aquel cajón muy presentes, el pequeño fue creciendo y, una vez graduado con honores de la mejor universidad y casado con una linda mujer, pudo retirar un par de aquellos elementos, no sin antes haberle explicado a su madre las razones por las que, de pequeño, deseó llegar a tener esas cosas.
Pasaron unos años más y la casa, el avión, el carro lujoso y la ropa elegante, así como los niños que representaban a su hijo e hija, fueron retirados del cajón, en cierta forma, de manera fácil y sin ningún problema a la hora de explicarle a su madre, ya entrando en la vejez, las razones de porque, de pequeño, aque abogado, ya formado como todo un profesional, había deseado tenerlos.
A partir de allí, los años continuaron pasando y el abogado no regresaba a retirar del cajón el último elemento que quedaba: un juguete de un señor vestido con corbata. Su madre, al notar esto, se acercó un día cualquiera y le dijo a su hijo: "Ya eres mayor y estás vestido de manera elegante, como lo deseabas de niño, ¿porqué aún no retiras del cajón aquel hombre de juguete?".
Un poco sorprendido por la pregunta, el abogado respondió: "Fácil, madre... Es cierto que ya soy mayor y estoy vestido con ropa elegante, como quería, pero aún no entiendo porqué de pequeño deseaba crecer, si cuando era niño siempre fui feliz sin saberlo".
Tras esa respuesta, la madre sonrió y le dijo: "Lo supuse. Y sabes, hijo, nunca podrás retirar de su lugar aquel último elemento, porque de pequeños todos soñamos con crecer rápidamente, pensado en que tendremos una mejor vida y podremos ser ''libres'', haciendo lo que se nos antoje. Pero nada más alejado de la realidad, mi querido abogado. El porqué de ese deseo, jamás lograremos entenderlo, pues ese es solo un sueño de cajón que la mayoría de personas, por no decir que todas, tuvimos en algún momento de nuestra feliz pero ignorada infancia".

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