Soñar


Soñar es de las libertades más hermosas y, al mismo tiempo, de las más profundas que tiene el ser humano. Sin embargo, que poco utilizamos esta libertad, y resulta paradójico, porque constantemente estamos quejándonos de que la sociedad, en muchos casos, nos limita nuestras libertades y nos quedamos ahí: quejándonos, perdiendo un tiempo valioso que podríamos utilizar para soñar y, porqué no, para ir más allá y trabajar por esos sueños que nos trazamos y que en muchos casos, tristemente, desechamos, olvidamos o dejamos a un lado, esperando a que la vida nos de la oportunidad de cumplir o realizar eso que soñamos, lo que hace más difícil para nosotros comprender que, más que esperarlas, las oportunidades hay que crearlas y después, claro, aprovecharlas, porque no estamos seguro de que estas, más adelante, se nos vuelvan a presentar. De hecho, casi nunca, por no decir que nunca, sucede así.

Y digo que soñar es una libertad porque podemos soñar un sinnúmeros de cosas, incluso, casi lo que se nos antoje. Ahí radica esa libertad que nos da el verbo soñar, más aún porque para soñar podemos partir desde algo muy sencillo hasta algo más complejo. Realmente esa complejidad de lo que podemos llegar a soñar es, de alguna manera, lo de menos, pues lo que debe o debería importarnos es lo que hacemos día a día, instante a instante, por cumplir eso que soñamos.

Si dejáramos los afanes de la rutina, la cotidianidad y las labores diarias que nos encasillan en nuestra zona de confort, tendríamos, lo aseguro, más tiempo para soñar y ese sería un gran paso, almenos para comenzar a disfrutar de esta libertad innata que tenemos en el poder soñar. Porque soñar parece fácil, pero muy pocos se atreven a hacerlo... Y tú, ¿eres de esos pocos que se atreven? ¿Qué tanto sueñas? ¿Cómo trabajas para materializar lo que sueñas?

Comentarios

Entradas populares de este blog

Honro nuestra historia

A quien inspira

Mi mejor versión