Eres especial
Eres especial porque, por más que me lo propongo, no logro olvidarte por completo y aún hoy me tienes escribiendo cosas que solo me fluyen cuando te pienso, porque es en esos momentos cuando mi lápiz recorre sin ningún problema la hoja de turno en la que plasmo mis pensamientos.
Me gusta el ejercicio de escribir lo primero que se me viene a la mente, pero me resulta curioso, y aveces hasta preocupante, que en la mayoría de ocasiones acabe escribiendo cosas referentes a tí, directa o indirectamente. Sin embargo, me agrada que, aunque no te veo con los ojos de antes, y aunque sé que tú a mí menos aún, sigues provocando en mí sensaciones y pensamientos e ideas que ni yo sabía que podía producir. Por eso eres especial.
Por todo lo anterior, nunca deberías dudar, aunque yo sienta que no te interesa en lo más mínimo, que eres una persona especial para mí y mí vida y me gustaría, como sea, tenerte por mucho tiempo en ella. Las razones para escribir todo lo que hasta aquí, en silencio y en mi habitación a la luz de una lámpara, te he redactado, casi seguro por completo de que nunca lo leerás, son muchas, pero como en todo en la vida, hay un par que son más especiales que el resto. Una de ellas la sabes, porque alguna vez te la dije: me hiciste -no sé si hago bien escribiéndolo en pasado- sentir cosas que nadie más había conseguido, así como me hiciste querer hacer cosas que tiempo atrás ni me pensaba hacer, y también por eso, eres especial.
La otra, directamente no te la dije, al menos no que yo recuerde -sabes que generalmente tengo mala memoria- pero tiene que ver con que, en muchos aspectos, lograste sacar la mejor versión de mí, versiones que quizás ni yo mismo conocía o pensaba que podía tener, porque, como suele ocurrirnos, creemos que nos conocemos por completo, y cuando compartí contigo me di cuenta que no hay nada más falso que eso, y que siempre, por especiales que podamos creernos, necesitamos de otras personas en nuestras vidas para saber, realmente, cómo podemos llegar a actuar en determinados momentos.
Hoy, pensar en tí sigue siendo para mí un motivo para pensar en todo lo que conseguiste que, con toda mi sinceridad, te dijera en algún momento y eso también te hace especial. Y claro, pensar en tí también sigue siendo para mí, en la mayoría de ocasiones, pensar en todas las cosas bonitas que me pudiste llegar a decir, y aunque aveces pienso en si tus palabras en su momento fueron sinceras como las mías, siempre elijo, no sé si de forma correcta y/o realista, quedarme con la idea de que así fue, con la idea de que todo lo que me dijiste, en su momento, así lo sentiste.
Además, mientras continúo escribiendo, paso un par de páginas atrás mi cuaderno y yo mismo me sorprendo de ver todo lo que te he escrito, eso sí, seguro de que nunca lo leerás, al menos no de forma directa, o como quizás yo quisiera. De lo que sí estoy más seguro es que este texto, como algunos otros, pasará a ser parte de las cartas que nunca te escribí y que pienso, aveces, publicaré en un libro que lleve ese mismo nombre: cartas que nunca te escribí.

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