Te quiero


Te quiero como a pocas personas se quiere en la vida. Te quiero, aunque no te hable ni me hables; aunque no te escriba y aunque crea que lo mejor es aguantarme las ganas de verte y quedarme con mis deseos de saber de tí y de tus cosas.

Te quiero porque me enseñaste muchas cosas, desde dejarme sorprender por la vida hasta decir siempre lo que siento, aunque esto último de mi parte lo haya aprendido a medias. Te quiero porque, a pesar de todo, me haces bien, porque entre los pensamientos más recurrentes de mi día a día estás tú en forma de preguntas como ¿cómo estará?, ¿qué estará haciendo?, ¿cómo le iría en su clase?, ¿qué comería?, ¿qué tal noche pasaría?

Te quiero porque me hiciste sonreír como nunca nadie lo había hecho, porque me hiciste sentir libre, sin miedos. Te quiero porque eres de esas pocas personas bonitas que te encuentras en la vida y, una vez las encuentras, no quisieras que se vayan de ella.

Te quiero, porque a pesar de tu manera de ser, tan distinta a la mía, siempre le doy mayor importancia a las pocas cosas que podemos tener en común. Te quiero, porque sin ser nada, fuiste mucho: mi refugio, mi primer pensamiento en muchos de mis días, mi razón para madrugar cuando no tenía ánimos de hacerlo...

Te quiero, porque tomarte de la mano me dio la seguridad que tanto tiempo me faltó y que aveces aún me sigue faltando en mi vida. Te quiero porque solo con abrazarte me olvidaba de lo demás. Te quiero porque tu calor siempre me hizo bien, porque dormí muchas noches pensándote. 

Te quiero porque tu te haces querer, porque eres única, porque sonríes de una manera especial, que nadie más tiene. Te quiero por tu cabello, aveces alborotado y aveces perfectamente organizado. Te quiero, finalmente, porque mis ojos nunca habían visto unos como los tuyos, que, más allá de su color, transmiten tantos sentimientos y sueños y tanto de lo que eres como persona y como mujer.

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