La noche


Mienten un poco quienes dicen que la noche se hizo únicamente para dormir y descansar. Mienten, porque existimos muchas personas que en la mayoría de nuestras noche, cuando no podemos dormir, por el motivo que sea, aprovechamos el tiempo a solas con nosotros mismos para pensar, reflexionar, soñar, imaginar y para hacer muchas cosas por el estilo que por los afanes que trae el día no hacemos antes o más "temprano".

Mienten quienes dicen que la noche es para pasarla en casa. Miente, un poco, porque existimos románticos y soñadores que, si bien pasamos el tiempo con el cielo oscuro y las estrellas en casa, quizás recostados en nuestra cama, a la vez no lo hacemos porque nuestra mente nos transporta a escenarios que soñamos vivir o, simplemente, a tiempos pasados en los que fuimos felices y queremos evocar, una vez más, esas sensaciones de agrado.

En ocasiones, sin embargo, también nos sucede lo contrario y nuestros pensamientos nocturnos nos llevan al pasado para revivir tiempos en los que, independientemente del motivo, no éramos tan felices, tuvimos algún problema o hicimos algo que, de ser posibles, muchas veces desearíamos cambiar.

Es por todo esto que, desde que recuerdo, me he fascinado con la noche. No me fascina especialmente la noche para salir de fiesta, aunque también en ocasiones -muy pocas, por cierto- la utilizo para ese fin. Me gusta la noche porque me hace sentir, con su ambiente, en armonía y paz conmigo mismo, porque me permite reflexionar sobre mis acciones, evaluar lo que hice durante el día y, sobretodo, porque la considero un tiempo perfecto para mirar hacia adelante, así sea solo hacia el día siguiente y pensar en todo lo que, con firme propósito, voluntad y mucho trabajo, puedo conseguir cambiar para bien en mi vida u en la vida de las personas más cercanas a mí.

Por eso sí que le tengo un cariño especial a las noches, y por eso mismo me pregunto porqué de niños muchos le teníamos miedo. Pienso varias veces en una razón para ello y la única posible respuesta que encuentro para ese temor es que, de pequeños, nunca nos daban motivos para valorarla, y, por el contrario, como una de las tantas reglas establecidas de alguna manera en la sociedad, solo nos mandaban a dormir temprano, cuando nuestros padres consideraban que era justo y necesario.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Honro nuestra historia

A quien inspira

Mi mejor versión